Donde azúcar granulada
yace desparramada sobre el mantel
crees ver la Vía Láctea. Tu poeta,
ebrio de volar de grano en grano
buscando a Dios.
Los escuchas decir: estoy distante,
¡pero ven, ven!
También te ando buscando
en la blancura nevada del azúcar.
Sólo pídele a la estrella del alcohol te alumbre
Tristán Altagracia,
mientras el tiempo va cayendo
en el falso universo de las palabras.
Ellas sienten un doloroso aullido al mirar la Cruz del Sur,
es el aullido vibrante del cielo que hizo parir
a las vírgenes.
El aullido que aún dice:
¡Padre, Padre! ¿Por qué me has abandonado?
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